
Vaso con contenido por la mitad. Por un lado, ha servido para saciar la sed. Entonces, que Brasil prolongue su invulnerabildad por quinto partido seguido puede generar aprobación. A la vez, el recipiente, sin tanto para estimular, promueve la leve nostalgia. Ahí, en la bruma, se divisa que el equipo de Dunga no ha celebrado, como anfitrión, durante este año en la clasificación rumbo a Sudáfrica.
La experiencia frente a Bolivia, la última de local antes de la de anoche, también en Río de Janeiro, sirvió de referencia por las dificultades de Brasil y la postura de su rival. Colombia, con dos líneas de cuatro hombres como obstáculos frente a Julio, le dio -a diferencia de los bolivianos, hace un mes- continuidad a ese trabajo con la aparición de Toja y Quinteros como puntos de descarga. Así, el equipo visitante podía aliviarse en sus afanes de contención aunque sin una población ofensiva que descubriera la zona propia.
Brasil contribuyó a la calma caribeña porque le faltó la aparición de los laterales (en el primer tiempo, sólo Maicon quebró un par de veces) y jugó siempre con la pausa puesta. Sin influencia de Kaká ni de Robinho, el abastecimiento recayó en Elano, a cargo de los servicios con pelota parada y algún cruce largo que encontró libre a Robinho. El Scratch, en los 45 minutos de arranque, pudo haber convertido con un cabezazo de Juan y otra pelota que el zaguero bajó de arriba, pero que Jo no alcanzó a empujar. Poco en función de nombres y brillos; mucho en relación a la modesta exposición.
La tendencia se confirmó en cantidad y calidad. No hubo, en el segundo tiempo, ataque masivo (apenas una media vuelta de Jo y un disparo mordido de Pato) ni recambio que sirviera para el aporte de luz. Mancini, en su origen lateral derecho y luego delantero destacado en Roma (ahora en Inter), ingresó para reforzar el medio, Pato anduvo con el paso corto en el reemplazo de Robinho. Piezas movidas que no preservaron a Dunga de la reprobación.
El punto le ha servido a Colombia para aferrarse a la supervivencia, pero para eso tendrá que sumar con rabia (más del 60% de las unidades que aún quedan), la que anoche no tuvo cuando la prudencia debía ceder a la rebeldía frente a un rival desacomodado.
La chicana regional habilitaría a la sonrisa por la irregularidad brasileña. Sin embargo, mirarse el propio obligo sirve para descubrir una pelusa fea, que delata desprolijidad e indolencia por la ausencia de corrección en esa imagen. 'Alegrarse, con respeto, por los tropiezos del vecino? 'O inquietarse por nuestros pasos en falso?